El doblaje argentino más fuerte que nunca

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Por Javier Carbone*
Comencé en el doblaje entre 2003 y 2004. Argentina se inició en esta industria en los años 40, con algunos clásicos de animación de Disney. Luego, durante décadas, hubo producciones esporádicas hasta que en los 80, comenzó un crecimiento gradual y sin pausa.

Si pienso en la palabra que acredita mi carnet[1], ¨locutor¨, en ese renacer de nuestro doblaje a finales de los 70 y principios de los 80,  sólo estaba presente la figura del enorme Ernesto Frith en el papel de narrador en ¨El Show de Benny Hill¨.

Con los años, las locutoras y locutores se sumaron a los elencos de doblaje ya como actrices y actores de voz. Hoy, buena parte de mis colegas se definen en sus perfiles como actriz de voz, voice talent, actor de doblaje, además de locutora o locutor. Las mismas palabras aparecen en los anuncios de capacitaciones, oficiales o no, que encontramos todos los días en las redes.


Creo que los desafíos que le tocaron al doblaje en los últimos años son similares a los que motivaron a las compañeras y compañeros que dieron forma al Encuentro Nacional de Locutores (ENL) en sus orígenes. Es una actividad que crece y genera la necesidad de encontrarnos y organizarnos para buscar crecimiento profesional, regulaciones justas que nos incluyan y que respeten nuestro trabajo y nuestros derechos.


En el caso de mi oficio, esta última década ha sido decisiva. El reconocimiento como una rama más de la Asociación Argentina de Actores, ha sido reciente. Por eso, no puedo dejar de mencionar la situación vivida con la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI), que negó nuestros derechos de intérprete durante más de una década hasta que, este año, un fallo judicial obligó a la entidad a reconocernos y a cumplir las normas que ellos mismos fijaron primero, y ocultaron e incumplieron después, y a determinar un sistema transparente de reparto de derechos para el doblaje en nuestro país.

Fue en este contexto, en el que junto a un grupo de colegas y compañeros fundamos una organización social llamada Intérpretes Argentinos de Doblaje Asociación Civil (IADAC), con el propósito de desarrollar, difundir y promover la actividad del doblaje sin intermediarios.

Así, inevitablemente pienso en el ENL, que no alardea con las formalidades de los clásicos congresos, ni tampoco se trata de un desfile de disertantes V.I.P., inalcanzables, ante una cantidad de asistentes. Quien haya tenido la suerte de ser parte, sabe de lo que hablo cualquiera sea el lugar que le haya tocado durante cada jornada. La ¨experiencia humana del ENL¨, cómo la llamó nuestro maestro del doblaje, Ariel ‘el Turco’ Abadi.

Compartimos momentos, tomamos conciencia, reflexionamos. Conocemos la realidad de nuestrxs compañerxs. Nos preparamos para afrontar lo que viene y llevar a cabo aquellas acciones que pueden transformar nuestra realidad.

Hay en esto mucho en común con lo que nos ha tocado en estos años. Lo saben quienes crearon Locutores Por Su Identidad[2], quienes se dieron cita hace más de una década en el primer ENL y siguieron. Lo sabemos en el doblaje desde que nos juntamos para preguntarnos qué hacer con nuestros problemas, cómo darnos una representación, de qué manera obtener justicia.

Tengo que decir que, en un principio, los que trabajamos en el doblaje creíamos tener una lista finita de problemas que atender y, por eso, nos propusimos priorizar los temas, ordenarlos y solucionarlos para poder volver a casa satisfechos. Y siempre hay uno nuevo.

Sospecho que las compañeras y los compañeros del ENL habrán pensado lo mismo en los inicios. Ya sabemos lo que sucede en realidad: la desigualdad de género, la tecnología, nuestros derechos, el lenguaje, la inclusión, la discriminación, el poder, la vocación, nuestro trabajo, nuestra profesión. Lo que vemos venir, lo que no, lo que urge y lo que parece durar tanto como la vida.

Desde aquí, me permito advertir a quienes se atrevan a leer este texto acerca de los peligros de encontrarse, ya sea a la orilla de un río cordobés a compartir un asado y unas cuantas preguntas, o en un café de Buenos Aires, o en cualquier otra ciudad con fines similares. Este camino tal vez los lleve a aprender, compartir, intentar, reflexionar, cambiar ideas,  respetar las decisiones colectivas, y hasta cosas peores.

Están a tiempo de refugiarse en sus casas, sus pantallas, sus selfies y sus tuits y olvidar todo esto. Si ponen voluntad, hasta podrán convencerse de que es posible salvarse en soledad.

Ahora, si se deciden a intentar el juego grande, entre todxs, nos vemos en el próximo ENL en la provincia de Córdoba, o dónde nos toque.

*Javier Carbone es Locutor Nacional, desde 2004 trabaja como actor de doblaje. Se inició como narrador y presentador de documentales, y poco tiempo después comenzó a trabajar en doblaje de ficción y animación.
Entre sus trabajos más conocidos se cuentan su participación como presentador en Mythbusters, Los Cazadores de Mitos; en series como Discovery Atlas y Planeta Tierra para BBC, doblajes para el Canal Encuentro, entre muchos otros trabajos. Hoy integra la comisión de la organización IADAC.

[1] Nota del Editor: en Argentina, para ser Locutor Nacional se debe realizar una carrera de 3 años luego de la cual, el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica, órgano rector, acredita y extiende una habilitación, licencia o carnet que posibilita el ejercicio de la profesión.

[2]Nota del Editor: Colectivo de locutores cordobeses, la mayoría idóneos, que se organizaron en 2009 en épocas de la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que no innovó en relación a la formación, acreditación y habilitación de locutores profesionales, y que hoy continúa haciéndose a través del Instituto Superior de Formación Radiofónica (de gestión estatal) en la ciudad de Buenos Aires, mientras que para el resto del país se realiza en su gran mayoría a través de instituciones privadas, achicando las posibilidades de capacitación. Este colectivo, entre los que se encontraban los organizadores del Encuentro Nacional de Locutores de Argentina, logró la creación de un trayecto de locución en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Córdoba, donde dos cohortes de locutores idóneos, lograron de manera histórica el reconocimiento del Estado, primero, y su habilitación como Locutores Nacionales, después. Habiendo sido la última cursada en 2015.

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